El desarrollo que ha experimentado la humanidad durante el último siglo y medio ha sido posible gracias a disponer de un modelo de consumo energético basado en el aprovechamiento de fuentes de energía de origen fósil.
Estas energías han sido explotadas bajo el paradigma del crecimiento infinito y la disponibilidad energética perpetua y a un coste de explotación que no interiorizaba los costes ambientales.
Las consecuencias de este modelo son una profunda crisis ambiental, una situación geopolítica difícil y la economía mundial dependiente del caprichoso mercado del petróleo.
Al ritmo actual de consumo energético, la AIE estima que el petróleo podrá agotarse para el año 2030.
El cambio de modelo es una necesidad, una opción irrenunciable que ha de dirigirse hacia la diversificación de las fuentes de energía, un mayor aprovechamiento de las energías renovables y la eficiencia y el ahorro energético.
La disponibilidad energética de las fuentes de energía renovable es mayor que las fuentes de energía convencionales, sin embargo su utilización es escasa. El desarrollo de la tecnología, el incremento de la exigencia social y los costos más bajos de instalación y rápida amortización, están impulsando un mayor uso de las fuentes de energía de origen renovable en los últimos años.
De igual modo, el cuestionamiento del modelo de desarrollo sostenido y su cambio hacia un modelo de desarrollo sostenible, implica una nueva concepción sobre la producción, el transporte y el consumo de energía.
En este modelo de desarrollo sostenible, las energías de origen renovable, son consideradas como fuentes de energía inagotables, y con la peculiaridad de ser energías limpias, con las siguientes características: suponen un nulo o escaso impacto ambiental, su utilización no tiene riesgos potenciales añadidos, indirectamente suponen un enriquecimiento de los recursos naturales y son una alternativa a las fuentes de energía convencionales, pudiendo sustituirlas paulatinamente.
Por descontado, se tiene constancia del desafío energético en el ámbito mundial y la mayoría de las sociedades están inmersas en el proceso de sustituir el uso exclusivo del petróleo y el gas como combustibles en favor de una combinación más variada de fuentes de energía.
Nuevas y emergentes tecnologías energéticas como el carbón limpio y fuentes de energía alternativas, como por ejemplo el viento, el sol, las mareas, el calor interno de la Tierra y la bioenergía pueden jugar un papel en esta cuestión.
Necesitamos soluciones que reduzcan drásticamente las emisiones de carbono sin dejar de proporcionar una energía segura, fiable y de bajo coste respetando la biodiversidad natural.





