[No cabe ni un tonto más]
Fer me dice que es habitual, y seguro que tiene razón, encontrar en internet a gente que escondida tras un apodo o nick - que es más innovador -, campa a sus anchas por el territorio digital, ejerciendo el papel de lugarteniente de Atila, o al menos eso es lo que se creen, porque los hunos, por muy bárbaros que fuesen, no dejaban de ser un pueblo guerrero que luchaba en el campo de batalla cara a cara y cuerpo a cuerpo, cosa que estos sujetos no hacen.
En realidad, estos individuos forman parte de otro colectivo más temible que los mismos hunos, más peligroso que cualquier pandemia universal y con mayor poder destructivo que un arsenal nuclear en manos de un demente, me refiero a los tontos.
Entran en redes sociales, se unen a grupos y esparcen insultos, comentarios ofensivos, argumentos estúpidos e incluso algunos se adornan con amenazas personalizadas. Vamos, justo lo que necesita una sociedad como la nuestra, tan sobrada en valores y actitudes ejemplares.
No os dedico ni una palabra más, pero os invito a crearos vuestra propia red social, algo así como Bocazas sin límites o Cobardes amparados por el anonimato, suerte chicos.
[A la caza del ponente]
Bueno, es probable que no deje de ser más que un entretenimiento para algunos, pero lamentablemente existe y a veces resulta molesto.
Le pasa a Fer, me pasa a mí y seguro que le pasa a otros muchos comunicadores, que como nosotros, se ponen delante de un público para transmitirles cosas que pasan, con argumentos, datos y por supuesto con opinión. Me refiero a aquellos que acuden sin ningún interés hacia lo que se va a contar en la conferencia, ni en quién la va a impartir, y lo que es peor, sin ningún respeto por el resto de las personas, que como él, forman parte de la audiencia, que es la verdadera protagonista de este tipo de eventos. Allí están, con el único propósito de encontrar un argumento que sirva para desacreditar al ponente delante de todos los asistentes, de dejarlo en ridículo y tener unos segundos de gloria captando la atención del resto de personas, de los que espera aplausos, vítores de ánimo y un sinfín de agradecimientos por haber desenmascarado al pérfido conferenciante, que en el súmmum de su maldad, pretendía convencerlos de los beneficios del reciclaje, del ahorro energético o de una alimentación saludable, ¡Jamás se vio tanta perversidad en un comunicador!
Después de casi dos horas intensas de conferencia, con una interesante participación de parte del público, que expone sus dudas y aporta sus comentarios, aparece el desenmascarador de ponentes, que después de haberse pasado toda la conferencia jugando con el móvil, bostezando y escuchando música con el mp3, haciendo gala de una fina ironía y un amplio dominio de la situación, levanta la mano y te pregunta: “¿Pero, tú tienes coche?” Una pregunta que en cualquier otro contexto podría tener sentido, pero que aquí y ahora y por venir de quién viene, se convierte en un arma arrojadiza que solo tiene un objetivo, dejarte en evidencia y desacreditarte delante de todos. “Pues sí, tengo coche, por supuesto que lo tengo y lo utilizo siempre que lo necesito. Y también tengo televisión, horno y calefacción ¿Acaso eso me inhabilita para dedicarme a la educación ambiental? ¿Quizás eso quite validez a los argumentos que utilizo para proponer una vida más sostenible?” Quizás, lo que este héroe quería preguntar era si voy en coche a todas partes, esa hubiese sido otra cuestión y la respuesta también hubiese sido otra, ya que en realidad utilizo el coche sólo cuando es imprescindible y cuando no tengo la opción de tomar el transporte público.
En realidad este tipo de actitudes no me preocupan en el contexto en que se producen, al menos en lo profesional, sí que me molesta que el resto del público que acude a estas charlas, vea entorpecido el desarrollo de la misma o que incluso tenga que sufrir las molestias directas derivadas del desinterés y la falta de educación que a veces demuestran estos fenómenos.
De todos modos, quiero que sepáis que os recibiré con los brazos abiertos en todas aquellas charlas en las que siga participando, un saludo para vosotros.
[A veces esta vida es una mierda]
Pobres entre los pobres, con una calidad de vida indigna de los tiempos en que vivimos, con miles de niños sin opciones de futuro y encima reciben el mayor azote posible de la naturaleza.
Los miles y miles de muertos y la devastación sembrada en Haití, empequeñecen cualquier otra preocupación que podamos tener desde la parte afortunada del mundo. Me asoman las lágrimas cuando veo lo que esos seres humanos están sufriendo por el capricho de la Tierra, una Madre Tierra que probablemente esté ajustando cuentas con los que menos abusan de ella. No es justo, no debería ser así, no, no, no, …
Esta realidad, esta dura realidad, real y cruda y ante la que no puedes apartar la vista porque no va a desaparecer por mucho que lo desees, relativiza el día a día de mi vida en Valencia, de mis preocupaciones, de mis problemas, de todo lo que da forma a mi mundo. No puedes evitar cuestionarte muchas cosas, en especial la forma en que estás pasando el tiempo que tienes concedido para vivir tu vida ¿Acaso debería plantearlo de otra manera?
Pero pronto acabas entendiendo que así es la vida, así es este mundo y así es “eso” que hay detrás de todo, como origen del universo y de la vida y que en su momento decidió que estas cosas tenían que pasar. Así que lo aceptas o no juegas, no hay otra opción, aunque de lo que nunca podrán privarte es de tu derecho a gritar que a veces esta vida es una mierda.
¿Acabamos con un tema musical? Propongo esta, una pieza de Boccherini, dentro de la banda sonora de la película Master and Commander.
Sera Huertas





