Hace un par de días desde España, mi socio redactó una nota y nos preguntaba si podríamos vivir sin supermercados.
La verdad es que aún no he podido responder a su pregunta pero intentaré hacerlo rápidamente.
Creo que no, creo que no podríamos vivir sin supermercados, o tal vez si, una minoría alejada de los centros urbanos, de las ciudades.
A medida que uno comienza a tomar conciencia sobre el consumo diario personal, descubre que durante todo el tiempo pasado, estaba durmiendo o adormecido.
Recuerdo cuando era niño que ir al súper era una aventura, siempre lo hacía con mi abuela, íbamos juntos al Supercoop o tal vez al Americanos.
Pero rara vez lo hacíamos, porque contábamos con el almacenero del barrio, allí uno podía proveerse de todo. Me acuerdo de doña Nelly y del gordo Juan.
Y lo recuerdo muy bien porque de los seis hermanos, yo era el que iba a la escuela por la tarde, por lo cual en las mañanas era quién debía hacer todas las compras de la casa. Es más, teníamos una libreta para sacar artículos al fiado, cómo me aprovechaba para comprar las galletitas Champagne…!
Pero aunque doña Nelly tenía apenas un pequeño almacén, en casa no faltaba nada. Ir al supermercado era peligroso porque la tentación era enorme, una variedad incríble de artículos y opciones que el almacén de la Nuñez no tenía. En aquellos años era todo un problema en mi casa administrar la economía doméstica, porque las cuentas no cerraban a fin de mes, así que mis padres evitaban ir al súper. Sólo se consumía lo necesario y el queso de cáscara colorada era un bien de lujo que mi padre tenía como premio.
A fines de los 80’ conocimos la cadena de supermercados Auchan, que en francés vulgar podría traducirse “al campo” pero en realidad Auchan es un pájaro. Al campo no se escribe así.
No importa en la práctica, porque en España lo llaman Alcampo.
Ir a Auchan con mi hermana Silvina en las afueras de París era más que una aventura, era una experiencia única en la semana. Claro, a mi padre le iba mejor, entonces ir al súper ahora era posible. Teníamos muchas tarjetas de crédito. En la Argentina de la hiperinflación no existían los plásticos para hipotecar el futuro, en Europa sí.
¿Y ahora como van las cosas?
En España y en Francia, 3 o 4 cadenas de supermercados controlan todo lo que se consume. En Argentina sucede lo mismo. Aquí tenemos Carrefour, Walmart, Libertad, Jumbo. Algunos son “súpers”, otros “hipers” pero en definitiva todos pertenecen a capitales extranjeros, a compañías trasnacionales.
Ya doña Nelly no existe más. Nadie prefiere comprar en el almacén del barrio, tal vez sí para la compra del momento pero para la gran compra del mes: Carrefour o Walmart es la elección.
De esta manera ya no somos consumidores, somos consumistas.
No compramos según el bolsillo, compramos según nuestros ojos.
Ahora no nos fijamos si el dinero nos alcanza, porque en los “súpers” reciben tarjetas de crédito, entonces ahora te podés comprar un par de medias y las podés pagar en 12 cuotas sin interés.
Perdón, sin interés de que tu bolsillo se beneficie.
Entonces tenés miles de productos a la vista y pensás que los “súpers” tienen una enorme variedad y que pueden satisfacer todas tus necesidades, existentes o no.
Agarrás un carrito y le metés de todo, sin leer de donde viene, quién lo hizo, cómo está hecho.
Tenemos suerte que los carritos son todos de un tamaño dado, entonces nuestro límite de compra llega cuando el carrito está lleno, ahí paramos de comprar, no les ha pasado?
Pero en realidad con la llegada de los “hipers” la situación es otra. No existe tal variedad de productos. Todos pertenecen a no más de 5 o 6 corporaciones, con distintas marcas o nombres pero son sólo un puñado de empresas las que deciden lo que vas a comer, a tomar, a vestir.
Para conseguir los precios que uno ve en las góndolas, estas corporaciones manejan casi el 85% del comercio internacional de bienes de consumo. Entonces de las decenas de variedades de tomates que existen, vos vas a comer… o tomate redondo o tomate perita.
Porque sólo si se producen a grandes escalas, el costo es menor. Nunca te enterarás de que existen cientos de variedades de papas, decenas de variedades de berenjenas, decenas de variedades de lechugas, por mencionarte algo. Estas cadenas de distribución manejan grandes volúmenes de apenas dos o tres variedades de productos. Y el agricultor recibe monedas, la mayor parte de los beneficios se los quedan los “súpers”.
Y luego están las carnes, te recomiendo que veas Food Inc., y seguro que pensarás dos veces antes de volver a comer carne de vaca o de pollo. Claro para que vos la pagues más barata, la carne tiene que salir de fábricas que se encarguen de reducir al mínimo los costos de producción. En el mundo, la producción de carnes está en manos de 3 o 4 corporaciones.
Ya casi no existen las pequeñas granjas o chacras, ahora existen factorías.
De no ser así, jamás podríamos comer carnes de la forma que lo hacemos. El precio no estaría a nuestro alcance. Entonces para engordar las vacas, les damos granos. ¿Granos? ¿Las vacas no eran herbívoras? Les damos granos porque la producción de maíz y soja a grandes escalas industriales es más barato. Pero de eso hablaremos otro día.
Entonces veamos algunos detalles de los supermercados, al menos detalles que nos podrían ayudar a pensar si evitar los “súpers” no sería una buena idea.
Tomaremos un ejemplo, pero seguro que es válido para comprender el sistema.
Utilizaré un nombre ficticio para evitar generar un conflicto con determina corporación.
Carre(4) en Argentina promociona algunos días en los cuales comprando con determinada tarjeta de crédito de determinado banco, obtenés un 15% de descuento. Claro, te preguntarás, ¿y si no tengo la tarjeta de crédito? Pues tendrás que abrir una cuenta en el banco.
Y el sistema siempre cierra. Ahora dependés del banco, de sus resúmenes , del costo de mantenimiento de la cuenta. Pero no importa porque si tenés suerte te darán “un paquete” que se adapte a tus necesidades, tendrás una o dos tarjetas de crédito, podrás obtener un préstamo cuando lo necesites, podrás utilizar un descubierto, entre otras cosas. Suena interesante, ¿verdad?
Pero no es que sean buenos con nosotros, buscan de qué manera pueden hipotecar mejor tu futuro. Gastás 500 pesos sabiendo que tu límite eran 350, pero lo sacaste a crédito. Gastás más de lo que podés y de esa forma alimentás el sistema capitalista.
Es más, en Argentina te pagan el salario a través de un banco, si o si tenés que ser parte del circuito.
Es hermoso comprar de todo, no importa si viene de China, Indonesia o la India. Más barato mejor y si lo puedo pagar a crédito, mucho mejor.
Convengamos que la mayoría de nosotros sólo se fija en el precio. Pocos, muy pocos pensamos en el consumo responsable, en el comercio justo o en el medio ambiente al momento de elegir un producto. Si frente a tus ojos tenés una resma de papel A4 que no respeta el medio ambiente, es más, que tal vez se produjo desde maderas no certificadas que cuesta 12 pesos y otra que respeta el medio ambiente pero que cuesta 17 pesos, ¿cuál sería tu elección?¿12 o 17?
Pero quiero hacer algunas comparaciones con Carre(4) España y el nuestro.
Allá no te dan bolsas de plástico en tus compras. Acá sí.
Allá podés usar bolsas biodegradables en base a tubérculos, se degradan 100% y te las cobran. Aquí no existen.
Allá en una sucursal de Valencia en una hora pude contar a 139 personas saliendo de la línea de caja con sus bolsas reutilizables. Acá estuve dos horas haciendo la misma observación y sólo 2 personas tenían una bolsa reutilizable del mismo súper . No obstante están a la vista de todos.
Claro pero si siguen dando las de plástico gratis, ¿quién compraría una bolsa reutilisable?
Yo me pregunto por qué la misma corporación no aplica las mismas normas de trabajo y responsabilidad empresarial aquí, en España o en Francia?
Simplemente porque en Argentina nadie exige un cambio. Y peor aún, los controles no existen, el Estado está de rodillas ante estas corporaciones.
Y mientras no reclamemos que se eliminen las bolsas plásticas, al menos 20 personas en la puerta de ingreso de cada “súper”, las cosas no cambiarán.
Te ponen las bolsas reutilizables a la vista para que las compres pero siguen dando cientos y cientos de bolsas gratis por cada compra. Algo no cierra en la ecuación.
Ahora van allá, cuando ingresás a la tienda podés escuchar la campaña de La Hora del Planeta y te piden que te sumes.
Todo suena tan bien, bolsas reutilizables en la línea de caja, la campaña de La Hora del Planeta, uau, uau.
Esta sí que es una empresa comprometida por el medio ambiente. ¿Lo estará realmente? A lo mejor sí, quiero pensarlo.
Pero volvamos al consumo nuestro aquí en Argentina.
Para que un negocio sea exitoso, si alguna de sus sucursales tiene pocos beneficios o tal vez pérdidas, seguramente otra sucursal tiene grandes beneficios. De esta forma se logra un equilibrio. Esto es una ecuación sencilla para cualquier administrador de empresas.
Quien conoce el caso Mc Donald´s, podrá entender porqué la compañía nunca cierra sucursales, cerrar es mala imagen, compensar pérdidas con ganancias de tiendas más rentables, al menos en el corto plazo, es una muy buena estrategia.
Los “súpers” deben llevar su estrategia propia, pero como ciudadanos nunca la conoceremos.
Para que los consumidores europeos puedan seguir siendo parte del primer mundo, alguien seguro que está pagando los platos rotos.
Carre(4) España es enorme, las tiendas son 3 o 4 veces más grandes que las que existen en Argentina.
Podés comprar de todo, se parecen mucho a las grandes superficies de Estados Unidos. A los llamados “malls”.
Claro que como es una corporación europea, los primeros beneficiados son los europeos.
Allá existen ofertas, es decir, descuentos que jamás podés encontrar en nuestro país.
Para que allá se den esas grandes ofertas, alguien en alguna parte del mundo está pagando una tarifa mucho mayor.
Existen descuentos en productos que seguramente no cubren el costo, sin tener en cuenta el impacto ambiental, podés comprar una camisa en 3 euros, un juguete en 2 euros.
Sí, eso ocurre allá, acá nunca. Somos un país emergente y las corporaciones eso lo saben muy bien. Pero a vos te encanta ir a los “súpers”, y eso ellos también lo saben muy bien.
En mi último viaje a España encontré en Carre(4) una camisa a 13 euros, y tan sólo 5 días después valía 3 euros, habían comenzado las “rebajas”.
Te cuento Sera que acá eso nunca sucede. Jamás conseguirás la misma camisa en 3 euros o 15 pesos. ¿Una camisa de vestir en 15 pesos? Olvídalo.
Aquí estuve buscando un juego se sábanas para mi habitación, como frente a mi departamento tengo una sucursal de Carre(4), encontré la misma sábana que había visto en España en 6 euros o 33 pesos pero su valor era de 148 pesos, unos 28 euros. La misma sábana, la misma marca. Claro si en España la comprás en 6, alguien en alguna otra parte del mundo tendrá que pagar la diferencia.
Me compré en Valencia un pantalón de vestir y gasté 6 euros. Gasté 30 pesos, y aquí un pantalón similar cuesta en el mismo “súper” unos 85 pesos, casi el triple. Pero no te olvides un detalle, al hacer tus cálculos recuerda también multiplicar el tipo de cambio por un sueldo medio.
A ver, 6 euros en un salario promedio español representa el 0.5% del total. Para un salario medio de Argentina, 85 pesos representan 3.4% del total. Así que lo que se deja de ganar en las “rebajas” españolas, se recuperará probablemente en la tarifa argentina. Elemental, mi querido Watson.
Y así podría dar decenas de ejemplos, pensamos que comprar en los “súpers” es la solución a nuestra vida agitada, pero no analizamos el daño que estas grandes corporaciones están generando con la producción local, con los pequeños agricultores, las pequeñas empresas familiares. Y tampoco analizamos que gracias a nuestras compras en Argentina estamos soportando el consumo de ciudadanos del otro lado del océano.
Recomiendo siempre intentar comprar la mayor parte de los productos que necesitamos en los pequeños almacenes del barrio. Eso forma parte del consumo responsable.
¿La Hora del Planeta? Apoyando la campaña mientras el más del 80% de sus productos son extranjeros y para traerlos al país seguramente en alguna región más vulnerable que la nuestra, algún productor generó contaminación local, ¿no te has fijado que casi todo viene de China?
Creo que la mejor manera de cuidar el planeta es apoyando a los productores locales, distribuyendo frutas y verduras orgánicas, entre otras buenas prácticas.
Algo más que quiero contarte.
En España hasta el pasado mes de Enero existía una campaña, desconozco si aún existe en donde Carre(4) te proponía la alimentación para una semana por sólo 28 euros ( 1 euro al día x 4 personas x 7 días = 28 euros).
Es decir, el gasto para alimentar tu familia en España durante todo un mes sería igual a 112 euros o unos 580 pesos aproximados.
Aquí con mi esposa - aún no tenemos hijos - comprando por lo general “marcas blandas”, es decir a veces comprando productos de marcas poco conocidas, gastamos en promedio para una familia de 2 personas unos 1300 pesos. Si fuésemos 4, tendría que gastar cerca de 2400 pesos.
Entonces en un país como Argentina, que supo ser el granero del mundo, en donde si tirás una semilla crece un árbol, a mí me costaría alimentar mi familia (con 2 hijos), unas 4 veces más que si mi familia viviese en España.
112 euros en un salario promedio español, representaría 9% del total.
2400 pesos en un salario promedio argentino, representaría 96% del total.
Por eso no existe ya la clase media. Aquí la gente tiene que “sobrevivir” si depende de un salario o dos para vivir.
Señores, comencemos a consumir productos locales, volvamos al almacenero del barrio, con la libreta para el fiado, sin tarjetas, de contado y gastemos sólo lo necesario. Apoyemos la producción local y exijamos mejores precios.
Pero también nos enfrentamos a un par de desafíos adicionales, sólo para mencionarlos.
Los “súpers” mueven volúmenes enormes de productos, ellos fijan el precio al que el productor tendrá que vender. Un pequeño almacenero hoy no puede competir con los las tarifas de las grandes superficies. Entonces volvemos a caer en el circuito, ir el “súper” es más barato.
Por otro lado, existe una realidad de la que no podemos escapar.
Hoy podés comprar en algunos productores de frutas, verduras o pollos, que han evitado la gran parte de la cadena de distribución, casi de manera directa del productor al consumidor. Pero los precios son los mismos que el que tienen las grandes superficies, incluso a veces son más caros. No es fácil comprar un kilo de tomates orgánicos a un pequeño granjero, porque el costo siempre está por encima de lo que nosotros percibimos como justo. Para nosotros es justo pagar lo mismo que pagamos en el “súper”. Ni un centavo más.
¿Podremos vivir sin los supermercados? Claro que sí, al menos muchos lo estamos intentando.





