Hablar de temas de tinte filosófico no sería tarea al alcance de mi mano, pero siempre busco un título que pueda colocarle un marco a mi nota.
Íntegros desde distintas ópticas de la vida. ¿Decimos y luego hacemos? ¿Sentimos y luego nos expresamos, o mejor disfrazamos sentimientos?
¿Actuamos según nuestros valores y principios o según nuestras conveniencias?
¿Disfrutamos de nuestro trabajo o lo hacemos por la paga que aparenta ser justa?
¿Cumplimos nuestros compromisos tomados o fallamos a ellos?
A veces cuando observo algunas actuaciones propias, de amigos, colegas y conocidos, siento que mucho cuesta ser íntegros. Siento que muchos no quieren serlo.
Cuando presenté mi renuncia a un puesto de trabajo que sentía “era el mejor de todos”, lo hice porque pasados algunos años yo me sentía partido, no hacía lo que deseaba. En cierto modo comencé a caminar el camino de mi propia integridad.
Algunas personas suelen decirme que les gusta lo que hacen en sus puestos de trabajo pero que renunciarían con gusto a él si alguna compañía ofrece un salario mejor.
Es decir, nos encanta trabajar entre 8 y 10 horas diarias en determinada empresa, fabricando escarpines para recién nacidos pero si nos ofrecen algún dinero extra estaríamos dispuestos a ser gerente de Walmart, ejecutivo del Citibank, adiestrador de hámster o instructor de parapentes.
Algo me indica que en realidad lo que más nos gusta es el color del dinero. Y así en la calle conversamos con personas que a sus 65 descubren que pasaron por la vida sin poder definirnos si al final del camino se sienten íntegros. Gracias a este sistema de consumo que adoramos, muchos dejamos de lado nuestros sueños, nuestras metas, para sólo perseguir las metas de otros, y cuando ya el tiempo se nos fue, es tarde. Hablo de aquellos que canjean sus sueños por un cheque con varios ceros. Pierden su integridad.
Esto lo observo cuando alguien me dice que debe trabajar más y más, -quitándole valioso tiempo a sus niños- para pagar sus tarjetas de crédito. Dentro de nuestros valores, ¿está disfrutar al máximo de los hijos o en primer lugar está comprarnos de todo y luego trabajar en horas extras para pagarlo? ¿Decimos que queremos estar más con nuestros niños o en realidad nos agotan tanto que mejor pasar horas en la empresa y luego salir de compras? ¿La vida que vivimos es la que elegimos o la que nos imponen?
Espero que te guste tu trabajo y que si te ofrecen “un plus” por algo que tus valores lo rechazan, puedas tomar la decisión acertada.
Dentro de lo que puede definirnos personas íntegras, también quisiera incluir: lo que decimos y lo que hacemos.
Recuerdo una cita de Sergio Bulat, en donde hablaba del doble discurso o moral que muchos tenemos, frase que me suele ser útil: “Como ciudadanos tenemos un discurso pero como consumidores, tenemos otro”.
Cuando nos enteramos como ciudadanos que en algunos países asiáticos, en nuestro ejemplo, -China -, los trabajadores pasan horas en fábricas donde dejan su vida por apenas unos dólares al mes; todos nos sentimos consternados y nos enfadamos con los empresarios chinos. Claro, eso es como ciudadanos pero como consumidores, si viene de China, mejor porque es más barato. Como consumidor, ¿estarías dispuesto a pagar 3, 5 o 10 pesos más por un producto local, en lugar de uno similar “Made in China”?
Como ciudadanos criticamos a las multinacionales por el supuesto daño que generan en las economías locales, nos preocupamos y entristecemos por la pequeña tienda del barrio - en donde nuestras madres compraban todos los regalos de cumpleaños - y de su futuro destino cuando se anuncia que una súper tienda comercial está por abrir sus puertas en el barrio, en Argentina los llamamos “shoppings”. Claro eso nos sucede como ciudadanos, pero como consumidores, lo primero que hacemos es comprar todo en la nueva y gigantesca tienda comercial. Nos olvidamos de la “tiendita” del barrio.
Casi siempre criticamos a los gobiernos, al gobernante de turno, al que se fue, al que vendrá. Ellos son los responsables de nuestras penas. Es un clásico decir que los gobiernos tienen toda la culpa. Ese es nuestro mensaje como ciudadanos, pero como consumidores, en donde consumidor sería una persona que participa activamente, ¿estamos comprometidos?, ¿participamos del grupo vecinal?, ¿de alguna organización de la sociedad civil?, ¿cuando votamos, lo hacemos a conciencia o por el sello en el D.N.I.?, ¿nos ocupamos de apoyar las iniciativas de vecinos, o miramos hacia otro lado? ¿la misma tarde después de una votación, podríamos citar una medida económica o ambiental del candidato que votamos, o sólo lo votamos por el color de su cabello o el color de sus ojos?
El doble discurso que muchos tenemos no nos permite ser personas íntegras.
También se me viene a la mente, la situación de muchos que me dicen al terminar una conferencia, foro o charla; lo siguiente: “contá conmigo”. Donde la expresión “contá conmigo”, significa que tengo todo su apoyo. A veces siento que el “contá conmigo”, debería ir acompañado de la frase: “participación, sin obligación de compra”. Entonces sería algo así: “contá conmigo hasta que realmente necesites de mí”.
Recuerdan de la frase: ¿sin obligación de compra?
Por aquí también encuentro a personas con una débil imagen de integridad.
Por ejemplo, si participás de algún grupo o equipo y ante un compromiso tomado,- podría ser, reunirse un domingo dado para conversar sobre la planificación de actividades con aktúa-, y ellos cuentan con vos, tu parte es importante. Pero si les fallas, si no vas, te fallas a vos mismo. Dejás de ser una persona íntegra con lo que decís y con lo que hacés. Y el equipo también pierde integridad, se fragmenta.
¿Qué pasaría si el fundador de aktúa fallara a una cita en dónde todos contaban con él?
Citaría algunos ejemplos más, veamos.
Creo que la palabra integridad también podría abarcar a los términos: involucrarse y comprometerse.
Espero no estar loco con lo que intento decir, pero lo que observo es mucha gente involucrada y pocos ciudadanos comprometidos. Nuestras palabras hablan de involucrarse, nuestros hechos de comprometerse.
Seguro que muchos de ustedes se sumaron a La Hora del Planeta, no importa donde vivas, pero es probable que hayas sido partícipe de esta campaña. ¿Te involucraste o te comprometiste con la causa del cambio climático?
Veamos la diferencia entre involucrarse y comprometerse, -aunque la tomo de un proverbio americano-, seguro la podrás comprender.
En una merienda típica argentina, un sándwich y un vaso de yogurt podrían sernos útiles.
Para esta merienda, la vaca se involucró al darte la leche, pero si tu sándwich era de jamón, aquí el cerdo se comprometió. Esa es la diferencia. El cerdo fue más allá.
¿De qué nos sirve salir en una foto “involucrados” si luego en el día a día no estamos “comprometidos”? Y esto también me parece que una persona íntegra con sus principios, debería analizar más a fondo.
Conozco a muchos amigos, -jóvenes y no tanto-, incluso colegas con los que comparto actividades, que poco reflejan esa integridad en sus actos. Uno puede tomarse todo su tiempo para caminar por el camino hacia la integridad, lo que no puede hacer es: hacerse el distraído.
Hace unos días leí sobre algo que dijo Adrián Paenza en TEDxBuenos Aires, recuerdo que decía algo así: “los hombres grandes hablan de ideas, los pequeños hablan de la gente”. Creo que así era la frase, o así la recuerdo yo.
Y tiene toda la razón, los hombres grandes hablan de ideas, de proyectos, de acciones, de ir más allá, de promover un cambio, hablan de pasar a los hechos.
Los pequeños hombres hablan de la gente, de las faltas del gobernante, de la irresponsabilidad de los empresarios, de la culpa del vecino, de la falta de participación de aktúa en la limpieza de determinado lago, de los norteamericanos y del imperialismo…
Muchas personas en nuestro espacio de facebook, sin conocernos, sin saber a qué nos dedicamos realmente, sin conocer nuestras limitaciones, y desde el total anonimato, hablan de aktúa.
De lo que no estamos haciendo, de hablar sobre temas futuristas, de apoyar la energía nuclear, de ser personas “condicionantes” cuando eliminamos un mensaje insultante o despectivo…
Pero esas pequeñas personas jamás harán algo por cambiar las cosas. Jamás tendrán una idea para compartir, comunicar y luego llevar a la práctica, jamás ayudarán a que alguien crezca. Las pequeñas personas nunca se equivocarán porque sólo se dedican a hablar de los otros. Y aquí también me pregunto si somos íntegros.
¿Somos capaces de criticar o de edificar?¿Somos proactivos o parte de la mediocridad? ¿Hablamos con conocimientos o sólo porque el aire es gratis por ahora? ¿Si vemos que alguien no hace bien las cosas, podremos guiarlo o sólo hablaremos mal de él?
Y por último, algo más sobre la integridad.
Creo que día a día se me presentan desafíos que me ponen a prueba, que me evalúan y que determinarán mi futuro. Veamos este último ejemplo.
¿Debería ser parte de una campaña por el derecho de los animales?
Tal vez debería serlo, pero sólo si mi trato con todas las especies animales, es el mismo.
¿Podría decir que soy un hombre íntegro si me sumo a la campaña por el derecho de los animales y luego en mi almuerzo saboreo una “milanesa de pollo”?
Hoy mi conciencia me dice que no estoy preparado, que deberé trabajar más sobre mis valores, creencias y conductas.
Entiendo y tal vez esté equivocado, que sólo si me transformo en vegano (el veganismo es una filosofía y un estilo de vida basado en el respeto hacia los animales sintientes), podré acompañar estas campañas. No entiendo y estimo que nunca podré entender que para algunas personas el pollo o la vaca no tienen los mismos derechos que el oso polar, la nutria, el caballo, o la foca de los anillos.
Así entiendo yo la palabra: integridad. ¿Somos íntegros o parecemos serlo?





