
Texas está viviendo su peor temporada de incendios de toda la historia, y en particular esta semana en la zona de Bastrop hay un incendio que se mantiene fuera de control y que ha consumido unos 35.000 acres, más de 14.000 hectáreas. Hasta ayer, también había destruido cerca de 600 hogares, manteniendo otros 1000 en serio riesgo de ser devorados por las llamas.
Estas catástrofes se explican porque es una época de altas temperaturas y muy baja humedad, lo que sumado a una sequía prolongada hace que los bosques enciendan al más mínimo estímulo.
Es imposible no empezar a leer entre líneas y plantearse la posibilidad de que justo Texas, gran productor de petróleo, sea en sí mismo responsable parcial del cambio climático que ha propiciado estas sequías y estas olas de calor. Hay otros que dicen que estos son fenómenos cíclicos y que no hay cómo demostrar que los gases de combustión sean directamente responsables de nada.
Como sea, las personas que hacen negocio con el petróleo probablemente están a buen recaudo y muy lejos de los incendios. En cambio los brigadistas muertos y heridos, los animales quemados vivos, y la gente que perdió sus casas, con una alta probabilidad no viven en una montaña de petrodólares. El hilo siempre se corta por lo más delgado.





